Son las siete de la mañana de un domingo y la carrera Séptima , que entre semana es un trancón de buses, taxis y carros particulares, amanece convertida en otra cosa : un río de bicicletas, patines, coches de bebé y perros con pañoleta. Como cada domingo y festivo , Bogotá cierra al tráfico motorizado más de cien kilómetros de vías principales y se los entrega , hasta las dos de la tarde , a quien quiera recorrerlos a pie , en bicicleta o como mejor le parezca . La ciclovía, que , según cuentan los más veteranos, nació a mediados de los años setenta como un experimento de unas pocas cuadras, es hoy casi una seña de identidad de la ciudad .
En la esquina de la calle 45, Marleny Cárdenas exprime naranjas a una velocidad que marea . Lleva diecinueve años vendiendo jugos en el mismo andén y asegura que en ese tiempo ha visto «de todo »: ministros en sudadera, parejas que discuten montadas en la misma cicla y abuelos que pedalean más rápido que sus nietos. Según sus cálculos —que , reconoce, nunca ha hecho con lápiz y papel —, en un buen domingo vende unos trescientos vasos. El de naranja es el más pedido , pero el que la ha hecho famosa en la cuadra es el de lulo, una fruta ácida que los extranjeros prueban con desconfianza y repiten con entusiasmo .
—¡Hágale, sumercé, que está recién hecho ! —le grita a un ciclista que duda frente al puesto , con un pie en el pedal y el otro en el andén . El hombre se rinde y pide uno grande .
Marleny recuerda que , cuando empezó, sus hermanas le decían que vender jugos en la calle no era un trabajo serio y que se buscara algo «con prestaciones ». Ella les contestaba que ya verían. Hoy , con lo que gana los domingos y lo que vende entre semana a la salida de un colegio , ya pagó la universidad de sus dos hijos. «Aquí uno no se hace rico », aclara, «pero tampoco se aburre».
Unas cuadras más al norte , Luz Dary Moreno se baja de la bicicleta para tomar agua . Tiene cincuenta y dos años, trabaja como auxiliar de enfermería en un hospital del sur y entre semana pasa casi tres horas diarias en TransMilenio, el sistema de buses articulados de la ciudad . Aprendió a montar en cicla hace apenas seis años, en esta misma vía , con su hija sosteniéndole el sillín. «Entre semana , Bogotá me pasa por encima », dice . «El domingo soy yo la que le pasa por encima a Bogotá». Lo más chévere de la ciclovía, según ella , es que nadie le pregunta a uno quién es : el gerente y el domiciliario pedalean por el mismo carril , sudan igual y se detienen en el mismo semáforo .
Para que todo eso funcione, sin embargo , hace falta un engranaje que el usuario casi nunca ve . Catalina Ospina, funcionaria del distrito encargada de coordinar el programa , explicó a este medio que cada domingo trabajan en la vía cientos de guardianes —en su mayoría jóvenes con chaleco y silbato — que ordenan los cruces, y que en muchas esquinas se instalan mecánicos ambulantes que despinchan llantas y ajustan frenos por unos pocos pesos. Sobre la cantidad de usuarios fue prudente : aunque se habla de más de un millón de personas cada domingo , aseguró que se trata de una estimación y que «contar gente en movimiento es como contar pájaros». Añadió que el distrito estudia ampliar el horario en algunos tramos, aunque no quiso dar fechas.
Al parecer , no todos celebran el cierre . Algunos comerciantes de la Séptima se habrían quejado ante la alcaldía local de que los domingos pierden a los clientes que llegan en carro ; Ospina, por su parte , sostuvo que a su oficina no ha llegado ninguna queja formal . Un taxista que prefirió no dar su nombre resumió con resignación el sentir de su gremio : «El domingo la ciudad es de los ciclistas. Uno ya sabe que hasta las dos no hay nada que hacer ».
A las dos menos cuarto , los guardianes empiezan a recoger los conos y los conductores esperan, con el motor encendido , en las bocacalles. Marleny cuenta los vasos que le quedan, guarda la última naranja para ella y , mientras desarma el puesto , hace su propio balance : «Hoy estuvo chévere . El domingo que viene , si Dios quiere , aquí estaré». A las dos y cinco , el primer bus pita en la Séptima . La ciudad vuelve a ser de los carros. Hasta el próximo domingo .
Nota de la redacción : las personas citadas en este reportaje son ficticias.